Observar-me

Últimamente he tratado de estar muy atenta a mis sentimientos. He buscado la manera de tratar de entender por dónde pasan, de dónde vienen, realmente a dónde me llevan. A veces parece que doy por sentado lo que siento y que voy por la vida dolida de todo, pero sin darme cuenta, metida en una vorágine abrumadora, sin observar realmente que me está pasando, sin reconocerlo y nombrarlo.

Entonces me he pasado el mes entero en este ejercicio de consciencia y ha sido revelador, lleno de enormes sorpresas y auto-conocimiento. Me he descubierto y observado en dimensiones que desconocía de mi misma. Sintiendo cosas que no quiero sentir – o que no quiero reconocer que siento- y he podido identificar, por ejemplo, que la envidia está presente más de lo que pensaba, que la rabia se asoma por mi ventana casi a diario, y que el rencor se encuentra oculto debajo de heridas que no han sanado del todo. Me he sorprendido escuchando a alguien desde el recelo y teniendo ganas de hacer un comentario hiriente para acabarlo. He visto como la tristeza me nubla cuando las cosas se salen de control, y como me siento tan exhausta muchas veces y no lo reconozco, porque “soy fuerte”, o mejor, porque quiero estar al mando.

Dhanurasana, postura del arco. #YogaTime #CatsLovers

Tengo que decir que el ser consciente y verme en esta posición es amargo y grato a la vez. Reconocerme en mis propias debilidades, en mi humanidad compleja y siniestra me derrumba un poco por dentro, me da duro. El ego salta y me dice, ” ves que no eres como dices, para qué tanta práctica, para qué todo eso que lees, para qué ese discurso de amor y paz, si aquí estás frente a esta situación llena de rabia”. Y es difícil no sumirse en la auto-decepción, y creer que eres un fraude.

Sin embargo, el mismo ejercicio de observación me pone en perspectiva sobre este sentimiento y sobre mi ego que intenta sabotearme. Y entonces llega lo dulce, porque estoy tomando distancia, porque identifico y reconozco sentimientos que antes no sabía que tenía o no quería reconocer que existían, y porque puedo decidir en que me meto y en que no, puedo verme más humana, y con compasión, puedo hablarme pasito, puedo dejar de juzgarme.

Observar-me me permite no estar siempre en la cascada de sentimientos descontrolados donde soy la víctima. Observar-me, me abre la ventana a cuestionarme para poder elegir, para poder tomar una decisión real y verdadera sobre lo que quiero para mí, para alimentar mi interior. Observar-me me permite ser parte activa y no pasiva para llenarme y componer mi espíritu de lo que realmente deseo y no de lo que me llega. Observar-me es una práctica diaria, dura y hermosa, donde me reconozco, donde yo decido, donde me construyo mucho más consciente y más libre.

Observar-me señores, definitivamente vale la pena.

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