Miedo

El miedo es una constante en la vida. Lo ha sido en mi vida. Y estoy por pensar que en la vida de casi todos. Cambia de tonos, de tamaño, de forma, pero siempre está, nunca desaparece. A veces pensamos que se ha ido pero realmente se ha dormido, se ha camuflado entre otros pensamientos y emociones, y se ha vuelto sutil, casi imperceptible. Pero ahí sigue, escondido en alguna de nuestras profundidades como solo él sabe hacerlo, a la espera del momento propicio para aparecer con fuerza de nuevo.

No se ustedes pero yo recuerdo al miedo a mi lado desde muy pequeñita. No parezco ser una persona miedosa pero este monstruo ha estado siempre ahí. Creo que al principio pensaba que así era “estar en este mundo”: existir observando en silencio y con cautela, mientras escuchaba al miedo susurrándome al oído “te vas caer“, “no puedes“, “que pena“, “y si no te quieren?“, “no eres apropiada“, “y si odian tu voz?, mientras los pensamientos negativos se multiplicaban rápidamente en mi mente, paralizando mis acciones de inmediato.

Con el tiempo, a medida que fui creciendo quise someterlo y vencerlo. ¿Cómo iba a ser posible que tuviera que andar por el mundo con miedo cada vez que algo cambiaba, o cuando se aparecía un nuevo reto, o cuando algo inesperado pasaba? Y luche contra él con todas mis fuerzas. Les juro que puse todo mi empeño, de veraz lo intente. Pero realmente no pasó mucho. De hecho, ahora que lo pienso el miedo se fortalecía en la misma medida en la que yo trabajaba por acabar con él.

Así que un buen día caí exhausta y me rendí. Me entregue ante mi incapacidad de deshacerme de él y… woala, ocurrió la magia. La no resistencia a esta realidad, cambio la perspectiva de todo y comencé a sentir el miedo de otra forma, a percibirlo como una señal maravillosa del universo que no me detiene sino que me guía a crecer, a aprender, a descubrir lo que necesito para estar en este mundo como corresponde: consciente y atenta.

Después de eso, ya nunca lo esquive más. El sigue aquí, a mi lado, es mi fiel compañero de aventura. Ya no me paraliza ni me detiene. Ahora me hace consciente y me impulsa. De hecho, al mirarlo de frente y con amor, descubrí que su rostro no era tan terrible como me lo había imaginado. El monstruo resulto tener un semblante más bien viejo y sabio, con cierta dulce incertidumbre entre los labios.

Y ahora ese miedo que siento siempre cuando tengo una presentación, o cuando me paro de cabeza, o cuando me identifico con mis peores pesadillas, a veces me sonríe con la emoción de lo nuevo que llega. Otras me alerta, con la perspicacia de percibir antes que yo, que hay que estar alerta. Muchas veces más, me cuestiona sobre la razón profunda de las decisiones que estoy por afrontar.

Así que ya no peleo más con él, ahora lo observo, me observo a través de él, y la magia sigue ocurriendo.

4 comentarios sobre “Miedo

  1. Es muy impactante la forma en la que vez algo que al parecer siempre ha sido una amenaza como algo que te ayuda a crecer, a tomar mejores decisiones y a prevenirte de equivocarte de nuevo. Me gustó mucho tu forma de ver el miedo nunca lo había visto así pero comenzaré a aplicarlo en mi vida diaria

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    1. Todo, como las monedas, tiene dos caras. Que bueno que he podido mostrarte la otra cara del miedo y que puedas sacarle provecho tanto como yo!!! Abrazote!! y Gracais por leerme!!

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